El Ayuntamiento de Hostalets de Pierola se ha puesto la capa de guardián del paisaje. Con una solemnidad administrativa admirable, ha presentado alegaciones contra las pantallas acústicas de la A-2, argumentando un “fuerte impacto paisajístico” y una vulneración del “bienestar ambiental”. Según el consistorio, unas pantallas que romperían la relación visual con Montserrat y fragmentarían el territorio. Parece un chiste de mal gusto si miramos hacia el otro lado del municipio.
Es de una hipocresía insultante que el mismo gobierno municipal que se rasga las vestiduras por unas pantallas en la autovía sea el mismo que celebra y permite la ampliación del vertedero de Can Mata, el más grande de toda Cataluña. Resulta que las pantallas acústicas “atacan la identidad del territorio”, pero una montaña de residuos que crece hasta el cielo y que es visible a kilómetros de distancia es, suponemos, “integración paisajística” de primer orden.
El precio del silencio (y del hedor)
La clave de tanta sensibilidad ambiental selectiva no es ecológica, sino económica. Las pantallas de la A-2 son una molestia que no deja ni un euro en las arcas municipales; en cambio, el vertedero es la gallina de los huevos de oro. Con unos ingresos extraordinarios que superan los 2 millones de euros anuales procedentes de los residuos de medio país, el Ayuntamiento parece haber comprado un perfume muy caro que les impide oler lo que es obvio.
Empatía para unos, silencio para los vecinos
El Ayuntamiento denuncia con indignación la “falta de coordinación institucional” y que no se les ha notificado adecuadamente el proyecto del Ministerio. Reclaman respeto como municipio afectado. Pero ¿dónde queda ese respeto cuando hablamos de nuestros vecinos de Piera, Masquefa y Esparreguera?
Mientras el ayuntamiento de Hostalets cobra el cheque, todos los vecinos se tragan el impacto odorífero y visual de una instalación que no entiende de fronteras administrativas. El Ayuntamiento de Hostalets pide empatía al Ministerio de Transportes, pero practica el despotismo vecinal con los pueblos de al lado, ignorando las molestias que Can Mata genera dentro y fuera de su propio término municipal.
Dice el consistorio que las pantallas de la A-2 afectarían a la “calidad de vida del vecindario” y al “valor patrimonial de las viviendas”. ¿Se puede tener más cara dura? ¿Alguien ha preguntado a los vecinos cómo afecta el vertedero al valor de su casa o a su capacidad de respirar aire puro?
No nos engañemos: no están defendiendo el paisaje ni el bienestar de la ciudadanía. Están defendiendo un modelo de urbanismo a la carta donde el medio ambiente solo importa cuando no lleva detrás un cheque de siete cifras. Si las pantallas acústicas pagaran cánones millonarios, seguramente el Ayuntamiento ya nos estaría vendiendo que son “esculturas de arte moderno” totalmente integradas en el entorno de Montserrat, como el Ecoparc 4 con su fachada que es toda una «sinfonía» de colores donde las franjas cromáticas representan notas musicales que reproducen la partitura del Virolai.
¡Basta de hipocresía! Si queremos hablar de bienestar ambiental, empecemos por mirar la montaña de basura que tenemos en casa antes de quejarnos de un muro en la autovía.